divendres, de gener 13, 2006

El parque de la calle Norte

Voy caminando por la calle. Hace frío, mucho frío. El viento reseca mis pupilas y en mis ojos empieza una batalla por resolber el problema. Los ojos se me encharcan. Las lágrimas se amontonan, pero no permito que se derramen. No estoy llorando, tengo frío. No me siento las manos. Las froto una contra la otra intentando que la sangre fluya con más fuerza y el calor se apodere de ellas. Es un lucha estupida. Me cruzo con un hombre. Se me queda mirando. Creo que lo conozco, no sé si saludarle. Demasiado tarde, él ya está a un abismo de mí.
Me meto por un callejón oscuro. Voy sola, pero no siento miedo. Sigo todo recto. No tengo ningún destino, solo he salido para que el aire me acariciara la cara, y poder pensar en ningún tema en concreto, y a la vez, en todos los del mundo. Se me ocurre sentarme en un parque. Ya he estado allí antes. Muchas veces antes. Ese parque guarda muchos secretos. Muchas alegrías, muchas conversaciones, muchas lágrimas, muchos sentimientos, y la prueba está en el rastro de colillas. Me siento en el banco de siempre. Encojo las piernas para ver si así entro en calor. Cuando los dos estamos a solas en ese parque lo último que siento es frío, pero ahora estoy sola. La soledad..., es un sentimento muy extraño. Algunas veces hace que te hundas en lo más profundo de un pozo sin fondo, donde no puedes levantarte y donde, por mucho que grites, sabes que nadie te va a responder. Pero otras, es algo demasiado necesario. Ahora me apetece estar sola. Me enciendo un cigarrillo. Noto como el sabor a tabaco se apodera de mi garganta. Miro por todo el parque. Recorro con mis ojos cada uno de sus rincones. Cada uno tiene una historia. Pero el que más historias recoge es el columpio. Ese columpio guarda demasiados recuerdos...Aún recuerdo ese día...Pero ya son solo eso, recuerdos. Y esos recuerdos los guardaré para siempre. Ahora ese columpio guarda otra historia, y seguramente otras que me son totalmente desconocidas. Miro lo que hay en el suelo. Aún recuerdo los momentos vividos, la pequeña hoguera que formamos con un diario, aquel palo de escoba, los juego del “macarra”, las lágrimas que he visto caer, la silla que dejó de ser silla, las risas, este parque forma parte de mi vida. Y ahora estoy en él, reviviendo cada uno de los momentos vividos. No es la priemera vez que estoy aquí sola. Ya vine una vez, pero fue por otros motivos..., que no me apetece recordar. Prefiero recordar los más recientes. ¡Cuantos te quiero guarda este parque! ¡Cuantos abrazos! ¡Cuantas confesiones! Ya me he olvidado del frío, pero pequeñas gotas se marcan en mi chaqueta. Pienso en irme, pero estoy demasiado agusto. Se me ha consumido el cigarro. Lo apago. Otra colilla que quedará en el recuerdo. Miro el tren que pasa justo al lado de el parque. El ruido es ensordecedor. Miro al frente y me doy cuenta de que hay un gato. Sus ojos se claban en los míos. Por un segundo siento que lo que tengo delante no es un gato, sino la vida que guarde este parque. Empiezo a sentir las gotas como punzadas de frío. Decido irme. Antes de irme le doy un último vistazo al parque. Pienso en cuanta gente habrá vivido este parque como lo he hecho yo. Sonrío y me voy. Sé que volveré muy pronto y que los recuerdos seguirán guardandose en él. Y yegará un día en el que no vuelva más, pero en mi memoria siempre guardaré a aquel parque, porque sé que el también me tendrá siempre guardada entre sus muros y sus arbustos.